Soy escort por vocación. O por vicio, según se mire. Tengo 23 años y llevo ejerciendo la prostitución desde los 18, cuando al fin cumplí la mayoría de edad y pude dar rienda suelta a todas mis parafilias. Hay quien me llama puta, zorra, golfa y varios calificativos más y lo cierto es que no les falta razón, aunque yo prefiero llamarlo de otra manera: ninfomanía.

Trabajar como escort en Bcn me permite dar rienda suelta a mis fantasías y por encima de todo al exhibicionismo, puesto que siempre me ha puesto muy cachonda sentir que no me quitan ojo de encima. Siempre voy a trabajar con grandes escotes, leggings que marcan bien mi culo y minifaldas de lo más pequeñas. Todo ello hace que sean muchas los ojos que se fijen en mis curvas y que en el primer servicio del día esté tan cachonda que no tarde en correrme.

Mis clientes preferidos son una pareja bisexual y muy liberal que suelen contratarme una o dos veces al mes. Ella es una chica rubia de mi edad muy mona con unas tetas súper duras que dice ser voyeur y él, diez años mayor, reconoce ser un putero desde que tiene uso de razón. Lo más habitual es que folle con él en el coche, una playa, un parque… algún lugar público donde nos puedan descubrir y siempre con ella mirando escondida. Siempre espera a que él se corra para aparecer y “descubrirnos”, aunque alguna vez soy yo quien se da cuenta de que ella se masturba mientras su marido me penetra. Lo que no cambia nunca es el final: acabamos haciendo un trío en el dormitorio. Raro es el día que no tengo al menos 3 orgasmos entre la polla de él y la lengua de ella (cómo la mueve la muy jodida…).

Normalmente trabajo a través de una agencia de escorts de lujo de Barcelona y de vez en cuando hago servicios junto a una venezolana de curvas imposibles, con un culazo grande y redondo que hace babear a los clientes. Ella es muy amante del sado y sabe que a mi hacer de sumisa me pone muy cachonda (otra de mis parafilias). Hay que tener mucho cuidado con estas prácticas y tener confianza plena en la o las personas con quien tienes relaciones sexuales sadomasoquistas. Estar atada con las manos en la espalda por mucho que me moje el tanga no es lo más inteligente si quien esté enfrente tuyo es un desconocido. Sin embargo cuando está ella todo cambia, pues la situación está bajo control y, por qué no admitirlo, me encanta ver el cuerpo latino de mi compañera mulata.  De echo, en varias ocasiones hemos acabado con tórridas sesiones de sexo lésbico después de estar junto a un cliente que no fue capaz de dejarnos satisfechas. Su práctica preferida es ponerme a cuatro y amordazada y follarme con un arnés doble, los orgasmos que tengo entonces son únicos.

No todo es color de rosa, aunque la mayoría de los días acabo más que satisfecha y con varios orgasmos encima. Los hombres son muy manejables en lo que al sexo se refiere y no suelen poner pegas cuando  les propones nuevos juegos y fantasías. Además, con los años vas teniendo una clientela más o menos fija y te puedes permitir rechazar a aquellos que no te gustan. Un poco de imaginación es la sal que termina por hacer de este trabajo una fuente constante de orgasmos, tanto míos como de los que contratan mis servicios. Yo cumplo mis fantasías, el cliente las suyas y ambos quedamos con ganas de una próxima vez. ¿Cuáles son tus parafilias?

Ser escort y como sobrevivir sexualmente en el intento (patrocinado)
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